
La artrosis de cadera es una enfermedad progresiva que afecta gradualmente la movilidad y la calidad de vida, pero no todos los pacientes con artrosis de cadera necesitan una prótesis. El tratamiento adecuado depende de la gravedad de la enfermedad, los síntomas, la anatomía subyacente y las necesidades funcionales y expectativas de cada persona. Este artículo explica cómo se valora la artrosis de cadera —combinando síntomas, exploración y pruebas de imagen, y no solo una radiografía— y cómo el tratamiento abarca desde el manejo conservador y las infiltraciones hasta la preservación de cadera y la prótesis moderna, siempre individualizado tras una valoración por el especialista.
Entender la artrosis de cadera
La artrosis de cadera es una enfermedad articular progresiva en la que el cartílago articular que recubre la cabeza del fémur y el acetábulo se desgasta de forma gradual, acompañada de cambios en el hueso subyacente y en la membrana sinovial. Es una de las formas más frecuentes de artrosis y una causa principal de dolor y discapacidad en adultos. Su impacto va más allá de la propia articulación: la rigidez y el dolor pueden limitar caminar, agacharse, conducir y dormir, y con el tiempo pueden restringir la independencia y la calidad de vida. Como se desarrolla lentamente y varía mucho entre personas, la artrosis de cadera se entiende mejor como una enfermedad que se valora y se maneja a lo largo del tiempo, no como un único evento que exige una decisión inmediata sobre cirugía.
¿Qué ocurre dentro de la cadera?
La cadera es una articulación esférica: la esfera es la cabeza del fémur y la cavidad es el acetábulo de la pelvis. En una cadera sana, ambas superficies están recubiertas por cartílago articular, un tejido liso que permite un movimiento casi sin fricción, y el espacio articular entre ambas se mantiene gracias a ese cartílago. En la artrosis el cartílago se adelgaza y se pierde progresivamente, el espacio articular se estrecha y el hueso subcondral bajo el cartílago reacciona volviéndose más denso y duro (esclerosis subcondral). La sinovial, la fina membrana que recubre la articulación, puede inflamarse y producir líquido en exceso. A medida que la articulación se remodela, se forman osteofitos —crecimientos óseos en los márgenes articulares— y la cabeza del fémur puede cambiar de forma. Estos cambios estructurales explican la rigidez, el dolor y la reducción del rango de movimiento que experimentan los pacientes, aunque su gravedad en las pruebas de imagen no siempre coincide con la intensidad de los síntomas.
Síntomas habituales
El síntoma más característico es el dolor en la ingle, que a menudo se irradia hacia la parte delantera del muslo y a veces hacia la rodilla, que en ocasiones puede ser el síntoma dominante y llevar al paciente a pensar que el problema está en la rodilla. La rigidez es típica, sobre todo tras el reposo o por la mañana al levantarse, y la reducción del rango de movimiento —especialmente la rotación interna— es un signo precoz. Muchos pacientes notan dificultad para calzarse y ponerse los calcetines, levantarse de una silla baja o subir y bajar del coche. Son frecuentes el dolor al caminar, sobre todo al aumentar la distancia, y la dificultad para empezar a caminar tras un periodo sentado. En casos más avanzados, el dolor nocturno puede alterar el sueño, en particular al dormir sobre el lado afectado. Los síntomas varían considerablemente entre personas, y dos individuos con radiografías similares pueden tener niveles de dolor y función muy distintos.
¿Por qué se desarrolla la artrosis de cadera?
La artrosis de cadera suele ser el resultado de varios factores que actúan juntos. La degeneración del cartílago relacionada con la edad es el factor más común, y la predisposición genética influye en cómo envejecen las articulaciones de cada persona. Un traumatismo previo de cadera, como una fractura o una lesión labral, puede acelerar el desgaste. Las alteraciones del desarrollo de la cadera y el choque femoroacetabular (CFA) —en el que una forma alterada de la cabeza femoral o del acetábulo crea un contacto anómalo durante el movimiento— pueden predisponer a una artrosis precoz al concentrar la carga en una zona menor. Una cirugía previa de cadera, la obesidad y la carga mecánica sostenida también contribuyen, y la artrosis secundaria puede seguir a enfermedades concretas como la necrosis avascular o la artritis inflamatoria. Entender la causa subyacente importa porque influye en el tratamiento: un paciente joven con choque y un cambio cartilaginoso inicial tiene un camino distinto al de un paciente mayor con enfermedad degenerativa avanzada.
¿Cómo se diagnostica la artrosis de cadera?
El diagnóstico combina la historia clínica, la exploración y las pruebas de imagen, interpretadas en conjunto y no de forma aislada. La historia establece el patrón del dolor, su efecto en la vida diaria y las demandas funcionales del paciente. La exploración valora el rango de movimiento —la pérdida de rotación interna es un signo precoz de cadera—, la marcha, la longitud de las piernas y el dolor con movimientos concretos. Las radiografías simples siguen siendo la prueba de imagen de primera línea: una radiografía anteroposterior de pelvis en bipedestación y una lateral de cadera muestran el estrechamiento del espacio articular, los osteofitos, la esclerosis y la forma de la cabeza femoral. La resonancia no se necesita de forma rutinaria en una artrosis sencilla, pero es útil cuando el diagnóstico es dudoso, cuando pacientes jóvenes tienen dolor atípico o cuando se sospecha patología labral, condral u ósea como la necrosis avascular. El diagnóstico diferencial es importante porque el dolor referido desde la columna lumbar, el dolor trocantérico, la tendinopatía del psoas y la patología de rodilla pueden simular una artrosis de cadera. Los hallazgos de imagen deben interpretarse siempre junto con los síntomas y la exploración.
Entender la gravedad de la artrosis de cadera
La artrosis de cadera se describe de forma general como leve, moderada o avanzada. Los hallazgos radiográficos incluyen el estrechamiento del espacio articular (el indicador más fiable de pérdida de cartílago), los osteofitos en los márgenes articulares, la esclerosis subcondral, los quistes subcondrales y la deformidad progresiva de la cabeza femoral. Un punto clave es que la gravedad radiográfica no siempre se corresponde directamente con la intensidad del dolor: algunos pacientes con cambios severos en la radiografía tienen síntomas moderados y se mantienen activos, mientras que otros con imágenes más leves tienen dolor y limitación importantes. Por eso la gravedad es una valoración clínica que integra la imagen con los síntomas, la función y los objetivos del paciente, y no un grado que se lee en una radiografía. Las decisiones de tratamiento siguen esa valoración integrada, no la radiografía por sí sola.
Opciones de tratamiento conservador
El tratamiento conservador es la base del cuidado para la mayoría de los pacientes, sobre todo en enfermedad leve y moderada. La terapia con ejercicio —incluido el fortalecimiento de la cadera y la faja abdominal, el trabajo de movilidad y el acondicionamiento cardiovascular— está muy respaldado por las guías y ayuda a mantener la función y reducir el dolor. La fisioterapia guía un programa progresivo e individualizado. El control del peso reduce la carga mecánica sobre la cadera y es una de las medidas conservadoras más eficaces. La modificación de la actividad —dosificar las actividades, evitar estar mucho tiempo de pie y usar una ergonomía sensata— ayuda a los pacientes a mantenerse activos dentro de sus límites. Las ayudas para caminar, cuando procede, reducen la carga y mejoran la confianza. El manejo del dolor, con analgesia sencilla y antiinflamatorios usados de forma prudente, favorece la participación en el ejercicio. Las guías de OARSI y NICE destacan que el tratamiento conservador debe optimizarse y sostenerse, y que sigue siendo relevante incluso cuando se está considerando la cirugía.
Infiltraciones y tratamientos biológicos
Las infiltraciones pueden aliviar los síntomas en pacientes seleccionados, pero tienen limitaciones importantes. Las infiltraciones de corticosteroides pueden ofrecer una reducción a corto plazo del dolor y la inflamación, sobre todo cuando hay sinovitis, pero su beneficio suele ser transitorio y no se aconsejan las infiltraciones repetidas. Las infiltraciones de ácido hialurónico se han usado en la artrosis de cadera, aunque la evidencia es menos consistente que en la rodilla y las guías varían en su recomendación. El plasma rico en plaquetas (PRP) y otros tratamientos ortobiológicos son campos de investigación activa, pero la evidencia para la artrosis de cadera aún es emergente y menos establecida que en algunas aplicaciones de rodilla; no deben presentarse como una regeneración probada del cartílago. Es importante distinguir los tratamientos establecidos de las intervenciones con evidencia incierta o emergente, y ser claro en que ninguna infiltración ha demostrado regenerar el cartílago de la cadera ni revertir la artrosis establecida. Las infiltraciones se entienden mejor como una opción dentro de un plan individualizado, usada cuando está clínicamente indicada y nunca como sustituto del ejercicio, el control del peso y la modificación de la actividad.
Preservación de cadera: ¿se puede retrasar la prótesis?
La preservación de cadera se refiere a procedimientos que conservan la articulación con el objetivo de tratar una anomalía estructural subyacente antes de que se desarrolle una artrosis avanzada. Es más relevante en pacientes jóvenes con enfermedad precoz y un problema corregible como el choque femoroacetabular, donde remodelar el hueso puede reducir el contacto anómalo y quizá ralentizar la progresión. La selección del paciente es crítica: la preservación se considera en pacientes adecuados con enfermedad precoz y una anomalía estructural definida, no en una artrosis avanzada donde el cartílago ya se ha perdido. En la artrosis establecida, la cirugía conservadora tiene un valor limitado e incluso puede empeorar los síntomas. Por eso no todos los pacientes son candidatos a la preservación de cadera, y la decisión depende de una valoración cuidadosa de la anatomía, el estadio de la enfermedad y los objetivos del paciente. Para muchos pacientes con síntomas moderados, el tratamiento conservador optimizado —y no la cirugía— es la forma más eficaz de retrasar una prótesis.
¿Cuándo se recomienda la prótesis de cadera?
Se valora la prótesis de cadera cuando el dolor y la limitación funcional persisten a pesar de un tratamiento conservador adecuado y empiezan a afectar a la vida diaria. Las indicaciones típicas incluyen dolor que limita caminar, altera el sueño o restringe la independencia; rigidez que interfiere con vestirse, conducir o levantarse de una silla; y el fracaso de un ciclo adecuado de tratamiento conservador. La decisión también valora la valoración clínica y radiográfica, la edad, la actividad y las expectativas del paciente, y la durabilidad esperada del implante. Lo crucial es que la cirugía no se recomienda solo por una radiografía: un paciente con cambios radiográficos severos pero síntomas manejables puede no necesitar cirugía, mientras que un paciente con imagen moderada pero limitación funcional marcada puede sí necesitarla. La decisión es compartida, tomada tras entender qué desea lograr el paciente y lo que la operación puede ofrecer de forma realista.
Cirugía moderna de prótesis de cadera
La artroplastia total de cadera sustituye la articulación dañada por un componente acetabular colocado en la pelvis y un vástago femoral insertado en el fémur, coronado por una cabeza femoral protésica que articula contra una superficie de fricción en el componente acetabular. La fijación del implante puede ser cementada o no cementada según la calidad ósea y el paciente, y la superficie de fricción —metal, cerámica o polietileno altamente reticulado— se selecciona de forma individual. Existen varios abordajes quirúrgicos, incluido el posterior, el anterolateral y el anterior directo, cada uno con sus características en cuanto a respeto muscular, recuperación y precauciones. Los abordajes mínimamente invasivos pueden reducir las molestias precoces y acelerar la movilización inicial, pero ningún abordaje es universalmente superior; la elección depende de la experiencia del cirujano, la anatomía del paciente y la situación individual. La planificación quirúrgica individualizada —incluida la selección del implante, el manejo de la longitud de la pierna y el abordaje— es central para un buen resultado y una recuperación funcional predecible.

Recuperación tras la prótesis de cadera
La recuperación tras la prótesis de cadera suele ser más rápida de lo que muchos pacientes esperan. Se fomenta la movilización precoz —a menudo el mismo día de la cirugía o al día siguiente—, con progresión de la marcha usando ayudas según sea necesario. La rehabilitación se centra en recuperar movilidad, fuerza y confianza, y la mayoría de los pacientes vuelve a las actividades cotidianas en pocas semanas. La conducción suele retomarse cuando la fuerza y los reflejos permiten un control seguro, por lo general a las pocas semanas según el lado y el abordaje. El retorno al trabajo depende de las exigencias del puesto: el trabajo sedentario puede reanudarse con relativa rapidez, mientras que el trabajo físicamente exigente tarda más. Las expectativas a largo plazo suelen ser muy buenas: la mayoría de los pacientes experimenta un alivio sustancial del dolor y una mejoría marcada de la función y la calidad de vida, y los implantes modernos pueden durar muchos años, aunque no se puede garantizar un tiempo de recuperación ni una duración del implante concretos para cada persona. La recuperación varía según el abordaje, la forma física del paciente y las complicaciones, por lo que los hitos se fijan tras la valoración y no se prometen de antemano.
Elegir el tratamiento adecuado
La tabla siguiente es un marco educativo, no un algoritmo automático de tratamiento. Muestra cómo puede variar el enfoque según la situación clínica, pero cada decisión se individualiza tras la valoración. | Situación clínica | Posible enfoque de tratamiento | |---|---| | Enfermedad leve | Tratamiento conservador | | Síntomas persistentes | Valoración individualizada y tratamiento adicional | | Anomalías estructurales seleccionadas | Valoración de preservación de cadera | | Enfermedad sintomática avanzada | Valoración para prótesis de cadera | El objetivo es adaptar el tratamiento a los síntomas, la anatomía, las necesidades funcionales y las expectativas del paciente, y revisar esa decisión a lo largo del tiempo a medida que cambian los síntomas y las circunstancias.
Conclusión
La artrosis de cadera es una enfermedad progresiva pero manejable. La valoración precoz, el diagnóstico preciso y un tratamiento seleccionado según los síntomas, la anatomía, las necesidades funcionales y las expectativas del paciente son la clave de un buen resultado. El tratamiento conservador —ejercicio, control del peso y modificación de la actividad— sigue siendo la base para la mayoría de los pacientes; las infiltraciones pueden ayudar en casos seleccionados pero no regeneran el cartílago; la preservación de cadera es adecuada para pacientes cuidadosamente seleccionados con enfermedad precoz; y la prótesis moderna de cadera ofrece un excelente alivio del dolor y función para la enfermedad sintomática avanzada. Ninguna decisión debe tomarse solo por una radiografía. Una consulta con un cirujano ortopédico es la forma de determinar qué enfoque es el adecuado para su cadera.
La conclusión: adaptar el tratamiento a la cadera
La artrosis de cadera se maneja, no simplemente se opera. El tratamiento conservador es la base para la mayoría de los pacientes, las infiltraciones ayudan en casos seleccionados sin regenerar el cartílago, la preservación de cadera es adecuada para enfermedad precoz cuidadosamente seleccionada y la prótesis moderna ofrece un excelente alivio para la artrosis sintomática avanzada. El tratamiento se individualiza tras una valoración por el especialista que integra los síntomas, la exploración y las pruebas de imagen —nunca una radiografía por sí sola—. Una consulta con un cirujano ortopédico es la forma de decidir qué es adecuado para su cadera.
Referencias y evidencia científica
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Preguntas frecuentes

Dr. Pablo Banchero Lasalvia
Orthopaedic Surgeon · Traumatology Team
- Autor:
- Dr. Pablo Banchero Lasalvia
- Revisor médico:
- Dr. Pablo Banchero Lasalvia
- Publicado:
- 1 de noviembre de 2026
- Fecha de revisión médica:
- 1 de noviembre de 2026
- ·
- 14 min de lectura
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