Ilustración médica ortopédica profesional que muestra los nervios geniculares y la rama infrarrotuliana del nervio safeno alrededor de una prótesis total de rodilla, con el componente femoral, la base tibial, el inserto de polietileno y la rótula claramente etiquetados, y los nervios geniculares superior e inferior medial y lateral más la rama infrarrotuliana del nervio safeno descendiendo por la cara medial de la rodilla y cruzando por debajo de la rótula, en estilo editorial médico limpio con tonos azul marino y dorado sobre fondo claro.

La mayoría de las personas se encuentran mucho mejor tras una prótesis de rodilla, pero una minoría significativa sigue con dolor más tiempo del esperado. Para algunos es simplemente el extremo más lento de una recuperación normal; para otros, el dolor apunta a una causa específica y tratable que puede o no deberse al implante. La dificultad estriba en que el dolor persistente tras la prótesis se solapa con la cicatrización normal, con problemas fuera de la rodilla y con varios diagnósticos distintos —aflojamiento mecánico, infección de bajo grado, rigidez, dolor neuropático, tendinopatía y dolor referido desde la cadera o la columna— cada uno con una respuesta diferente. Este artículo explica por qué puede seguir doliendo una rodilla tras la prótesis, cómo su cirujano aborda el diagnóstico diferencial y todo el abanico de opciones de tratamiento, desde la rehabilitación dirigida y la radiofrecuencia genicular hasta la cirugía de revisión. Está dirigido a residentes y visitantes de la Costa Blanca —incluidos pacientes de Alicante, Torrevieja y Orihuela Costa— y a los pacientes internacionales que buscan una segunda opinión en inglés sobre una prótesis dolorosa.

Introducción: ¿por qué puede seguir doliendo una rodilla tras la prótesis?

La prótesis de rodilla es una de las intervenciones más eficaces de la traumatología para la artrosis avanzada, pero «eficaz» no significa «sin dolor para todos de inmediato y para siempre». Una proporción de pacientes sigue con dolor más allá del periodo esperado de recuperación, y un grupo menor describe dolor que persiste durante meses o años. Las razones son variadas: algunas forman parte de una recuperación lenta pero normal; otras se relacionan con el implante (aflojamiento, desgaste, malposición, inestabilidad); otras con la infección; otras con las partes blandas y los nervios alrededor de la rodilla; y otras con problemas en otra zona —la cadera o la columna lumbar— que refieren dolor a la rodilla. El mensaje central de este artículo es que el dolor persistente es un síntoma que merece una valoración sistemática, no un diagnóstico en sí mismo. El objetivo de esa valoración es identificar la causa real, porque el tratamiento correcto —rehabilitación, medicación, intervención nerviosa, terapia biológica o cirugía de revisión— depende por completo de lo que esté provocando realmente el dolor.

Molestia postoperatoria esperada frente a dolor crónico persistente

Es importante separar la molestia postoperatoria esperada del dolor crónico persistente. En las primeras semanas tras la cirugía, la hinchazón, los hematomas, las molestias de la herida, el dolor nocturno y el dolor con la actividad son normales. El dolor suele mejorar de forma progresiva durante los primeros tres meses y sigue cediendo hasta un año. El dolor postquirúrgico persistente se define en general como el dolor que continúa más allá del periodo esperado de cicatrización —a menudo más allá de tres a seis meses— y que no se explica adecuadamente por la trayectoria normal de recuperación. La distinción importa porque la molestia precoz se maneja con rehabilitación, analgesia y tiempo, mientras que el dolor que persiste o reaparece tras un intervalo sin dolor justifica la búsqueda de una causa específica. La cualidad, el momento y los desencadenantes del dolor ayudan: un dolor sordo que mejora semana a semana es tranquilizador; el dolor agudo, nuevo, relacionado con la actividad, el dolor que despierta por la noche o el dolor que reaparece tras un periodo estable son motivos para revaluar.

¿Es frecuente el dolor persistente tras la prótesis de rodilla?

El dolor persistente tras la prótesis de rodilla es más frecuente de lo que muchos pacientes suponen, pero las cifras dependen de cómo se defina, mida y temporice el dolor. Los datos de registros y cohortes muestran de forma consistente que la gran mayoría de pacientes refieren resultados buenos o excelentes, pero una minoría significativa —frecuentemente en torno al 10–20 % según el estudio y la definición— describe dolor persistente o insatisfacción en el seguimiento a medio y largo plazo. No todo ese dolor es intenso, ni todo se relaciona con el implante: una parte refleja expectativas no cumplidas, problemas de partes blandas, dolor referido o dolor neuropático más que un fallo mecánico. La implicación práctica es doble. Primero, el dolor persistente es lo bastante común como para ser un problema clínico reconocido con un itinerario diagnóstico definido. Segundo, su existencia no significa por sí misma que la intervención «haya fallado»: significa que hay que identificar una causa, y esa causa se encuentra en muchos pacientes cuando el estudio es sistemático.

Causas mecánicas del dolor

Las causas mecánicas son problemas del implante o de su fijación, y están entre las más importantes de identificar porque a menudo cambian el plan de tratamiento. Las principales son el aflojamiento aséptico (pérdida progresiva de fijación sin infección), el desgaste del polietileno con osteólisis, la malposición o malrotación de los componentes y la inestabilidad o el desequilibrio ligamentario. Cada una tiene un patrón característico: el aflojamiento suele producir un dolor sordo, progresivo y relacionado con la actividad y se observa en las radiografías en carga como líneas radiolúcidas que se ensanchan o como migración respecto a controles previos; el desgaste puede ser silente hasta que aparece osteólisis o inestabilidad; la malposición puede causar maltracking rotuliano, rigidez y desgaste asimétrico; la inestabilidad produce sensación de fallo, sobre todo en escaleras o al girar. Un principio clave es que las causas mecánicas deben considerarse y descartarse razonablemente antes de atribuir el dolor a una causa no mecánica —y, a la inversa, que no toda rodilla dolorosa con cambios radiográficos leves tiene un problema mecánico que precise cirugía—.

Infección e infección periprotésica de bajo grado

La infección articular periprotésica es uno de los diagnósticos más importantes a considerar en una prótesis dolorosa, porque tratar un presunto problema aséptico cuando hay infección conduce al fracaso repetido. La infección puede ser aguda (precoz, con enrojecimiento, supuración y fiebre) o crónica y de bajo grado, manifestándose meses o años después con síntomas sutiles —dolor nuevo, nocturno, derrames recurrentes o un declive funcional gradual—. La infección de bajo grado puede imitar al aflojamiento aséptico y ser radiográficamente muda. Por ello, la infección se criba de forma activa antes de cualquier intervención que se presuma aséptica: los marcadores inflamatorios en suero (proteína C reactiva y velocidad de sedimentación globular) se usan como pruebas de cribado, y cuando sugieren infección se realiza una punción articular para recuento celular, fórmula y cultivo del sinovial. La definición validada internacionalmente de infección periprotésica combina hallazgos clínicos, de laboratorio, sinoviales y microbiológicos en lugar de apoyarse en una sola prueba. La PCR y la VSG son cribados sensibles pero no son definitivos por sí solos, y un resultado normal no excluye por completo una infección de bajo grado en todos los casos.

Dolor patelofemoral y dolor anterior de rodilla

El dolor en la cara anterior de la rodilla —dolor anterior— es uno de los patrones de dolor persistente más frecuentes tras la prótesis. Puede relacionarse con el componente rotuliano, con la tensión o sobrecarga de partes blandas, con el maltracking rotuliano (la rótula no se desliza de forma central, a menudo por rotación del componente o tensión lateral) o con el síndrome de chasquido rotuliano (tejido fibroso que se atrapa en extensión). No toda molestia anterior es un problema rotuliano: la debilidad temprana del cuádriceps, la hinchazón y las molestias de la rehabilitación son frecuentes y suelen remitir. El dolor anterior persistente, localizado y con características mecánicas —salto, sensación de inestabilidad o chasquido doloroso— justifica una valoración. El tratamiento va desde la fisioterapia, la activación del vasto medial y la modificación de la actividad hasta la liberación artroscópica del chasquido, o el resurfacing rotuliano o la revisión del componente en casos cuidadosamente seleccionados. Es importante señalar que el dolor anterior con una rótula bien alineada y bien fijada puede ser neuropático o de partes blandas más que mecánico, y se estudia en consecuencia.

Tendones, bolsas y partes blandas periarticulares

Las partes blandas alrededor de la rodilla son una fuente frecuente y a menudo infravalorada de dolor persistente. La tendinopatía del cuádriceps o del tendón rotuliano, la bursitis anserina, la irritación de la banda iliotibial y el choque del cuerpo adiposo de Hoffa pueden producir dolor focal que puede confundirse con dolor relacionado con el implante. Estas causas se caracterizan típicamente por dolor a la palpación localizada, dolor con movimientos específicos y un implante normal en las pruebas de imagen. Suelen responder a la rehabilitación dirigida, a la modificación de la actividad, al control de la carga y, en casos seleccionados, a tratamiento local ecoguiado. La relevancia para los pacientes con prótesis es que el dolor de partes blandas puede coexistir con un implante perfectamente funcionante, y tratar la parte blanda —en lugar de culpabilizar o revisar la prótesis— es la respuesta adecuada. Una exploración cuidadosa que palpe los tendones y las bolsas y busque la provocación es una parte esencial de la valoración.

Rigidez y artrofibrosis

La rigidez —una pérdida de flexión o extensión— puede ser dolorosa por sí misma. La artrofibrosis es una formación excesiva de cicatriz dentro de la rodilla que limita el rango de movimiento, produciendo una rodilla tensa y dolorosa que no se dobla ni se estira del todo. Es más probable tras una recuperación complicada, una inmovilización prolongada, una infección o en pacientes con rigidez previa a la cirugía. La rigidez se distingue del aflojamiento mecánico por la cualidad del límite (un tope firme y tethered más que dolor al cargar) y por una imagen que muestra un implante bien fijado. El manejo es por fases: un programa intensivo y estructurado de fisioterapia es el pilar; la movilización bajo anestesia puede considerarse en el periodo postoperatorio precoz para la rigidez refractaria; y la liberación artroscópica o abierta de adherencias se reserva para casos seleccionados que fracasan con el tratamiento conservador. El objetivo es recuperar un rango funcional más que perseguir una cifra, y el plan se individualiza porque una intervención demasiado agresiva puede empeorar la cicatrización.

Dolor neuropático y rama infrarrotuliana del nervio safeno

No todo el dolor persistente es nociceptivo (dolor por daño tisular). Una parte es neuropático —dolor generado o mantenido por el propio sistema nervioso— y cada vez se reconoce más tras la prótesis de rodilla. El dolor neuropático puede presentarse como dolor urente, eléctrico, en descarga o parestésico, a menudo con alodinia (dolor por estímulos normalmente no dolorosos) y una distribución que sigue un territorio nervioso. Una estructura específica es la rama infrarrotuliana del nervio safeno, que discurre por la cara medial de la rodilla y cruza por debajo de la rótula, aportando sensibilidad cutánea alrededor de la rodilla y contribuyendo a la sensibilidad articular. Puede irritarse por el abordaje quirúrgico, la tracción de la cicatriz o la formación de un neuroma, produciendo dolor neuropático focal medial o anterior. Los nervios geniculares —los nervios sensitivos superior e inferior medial y lateral alrededor de la rodilla— son las estructuras diana de la radiofrecuencia. Distinguir el dolor neuropático del nociceptivo importa porque los tratamientos son distintos: el dolor neuropático puede responder a medicación específica, a intervenciones nerviosas dirigidas y al tratamiento de un neuroma, más que a la revisión de un implante que funciona bien.

Ilustración médica anatómica de una prótesis total de rodilla que muestra los nervios geniculares y la rama infrarrotuliana del nervio safeno —los nervios geniculares superior e inferior medial y lateral alrededor de la articulación, y la rama infrarrotuliana del nervio safeno descendiendo por la cara medial de la rodilla y cruzando por debajo de la rótula— con el componente femoral, la base tibial, el inserto de polietileno y la rótula etiquetados, en estilo editorial médico limpio con tonos azul marino y dorado sobre fondo claro.
Los nervios geniculares y la rama infrarrotuliana del nervio safeno son los nervios sensitivos alrededor de la rodilla que pueden estar implicados en el dolor neuropático persistente tras la prótesis. Son el diana de bloqueos diagnósticos y de radiofrecuencia, pero solo después de descartar las causas mecánicas e infecciosas.

Dolor referido desde la cadera y la columna lumbar

Una prótesis de rodilla dolorosa puede no estar causada por la rodilla. La artrosis de cadera y la compresión radicular lumbar son fuentes clásicas de dolor referido a la rodilla, y ambas son frecuentes en el grupo de edad que se somete a la prótesis. La patología de cadera refiere con frecuencia dolor a la rodilla medial a través del nervio obturador; la estenosis lumbar o la radiculopatía pueden referir dolor por la pierna hasta la rodilla. Una prótesis bien fijada, bien alineada y no infectada pero que sigue doliendo debe llevar a explorar la cadera y la columna: una cadera rígida y dolorosa a la rotación interna, o una columna con claudicación neurogénica o síntomas radiculares, pueden ser la verdadera fuente. Tratar la cadera (por ejemplo, con una prótesis de cadera) o la columna puede resolver un dolor de rodilla que ningún tratamiento centrado en la rodilla habría aliviado. Este es uno de los hallazgos más valiosos de una segunda opinión cuidadosa, y se pasa por alto cuando la valoración se detiene en la rodilla.

Dolor a pesar de radiografías aparentemente normales

Un grupo especialmente difícil es el de los pacientes con dolor persistente pero con radiografías que no muestran un aflojamiento, desgaste, malposición o fractura evidentes. Una radiografía normal no descarta todas las causas de dolor. Varias posibilidades se consideran de forma activa: una infección periprotésica de bajo grado o crónica (que puede ser radiográficamente muda), el dolor referido desde la cadera o la columna, las causas de partes blandas o neuropáticas, la osteólisis incipiente aún no visible en la radiografía simple, una rotación discreta del componente y, en una minoría pequeña, un dolor sin causa estructural identificable. Precisamente en este escenario el estudio se amplía: comparación con radiografías previas, marcadores sanguíneos para descartar infección y, cuando procede, punción articular, TCM para valorar la rotación del componente o estudios selectivos de medicina nuclear. El objetivo no es etiquetar la rodilla como «inexplicable», sino excluir metódicamente las causas tratables antes de concluir que no hay un problema estructural. En muchos de estos pacientes se encuentra una causa; en otros, el manejo conservador y el reassurance son más adecuados que la cirugía.

Valoración diagnóstica y diagnóstico diferencial

El estudio del dolor persistente tras la prótesis es sistemático e individualizado, no un protocolo fijo. El itinerario, ilustrado en el diagrama diagnóstico siguiente, suele progresar por varias fases: una historia clínica y una exploración (momento, cualidad y desencadenantes del dolor; cambio respecto al basal postoperatorio; inestabilidad, rigidez o síntomas generales; palpación de tendones y bolsas; exploración de cadera y columna); radiografías en carga con comparación con pruebas previas (la exploración más útil, que muestra migración, líneas radiolúcidas y desgaste a lo largo del tiempo); analítica (PCR y VSG) para cribar infección cuando procede; punción articular y análisis del sinovial cuando el cribado sugiere infección; TCM cuando la rotación, la malposición o los defectos óseos requieren una valoración detallada; y estudios selectivos de medicina nuclear en casos dudosos. La tabla diagnóstica siguiente conecta las principales causas con sus hallazgos típicos, las pruebas y el enfoque de tratamiento. El objetivo es pasar de los síntomas a un diagnóstico de trabajo y luego a un plan de tratamiento individualizado —no a un itinerario genérico—. La infección y las causas mecánicas se consideran y se descartan antes de atribuir el dolor a una causa neuropática o de partes blandas. Guía diagnóstica — causa, hallazgos típicos, pruebas y tratamiento: * Aflojamiento aséptico — dolor sordo progresivo relacionado con la actividad, líneas radiolúcidas o migración en radiografías en carga — radiografías con comparación, TCM si procede — vigilancia o revisión cuando es sintomático y progresivo. * Infección periprotésica — dolor nuevo o nocturno, derrames recurrentes, herida o síntomas generales — PCR, VSG, punción articular — antibióticos y manejo quirúrgico por fases. * Desgaste del polietileno / osteólisis — cambio gradual, inestabilidad, lisis en las radiografías — radiografías, TCM — vigilancia o revisión según gravedad. * Inestabilidad — fallo en escaleras o giros, derrames recurrentes — exploración, radiografías, TCM para rotación — rehabilitación o revisión/cambio de inserto. * Dolor patelofemoral — dolor anterior, salto, maltracking — proyección sunrise, TCM de rotación — fisioterapia o cirugía rotuliana seleccionada. * Partes blandas / tendinopatía — dolor a la palpación focal, implante normal — exploración clínica, ecografía — rehabilitación dirigida, control de la carga. * Rigidez / artrofibrosis — tope firme al rango, implante bien fijado — exploración, radiografías — fisioterapia intensiva, movilización o liberación de adherencias. * Neuropático / nervio infrarrotuliano — urente, en descarga, alodinia, territorio nervioso — patrón clínico, bloqueos nerviosos — medicación, intervenciones nerviosas. * Dolor referido de cadera / columna — rigidez de cadera, síntomas neurogénicos — exploración de cadera y columna, pruebas de imagen — tratar la cadera o la columna. * Dolor con radiografías normales — radiografías anodinas — estudio ampliado (analítica, punción, TCM) — identificar la causa; tratamiento conservador si no se encuentra.

Infografía médica que muestra el itinerario diagnóstico y terapéutico del dolor persistente tras una prótesis total de rodilla —desde los síntomas del paciente (dolor, hinchazón, rigidez) pasando por la exploración clínica y las radiografías en carga, hasta el cribado de infección (PCR, VSG, punción articular) cuando procede, la TCM para la rotación del componente o los defectos óseos cuando procede, el diagnóstico individualizado y el plan de tratamiento que se ramifica en rehabilitación conservadora, radiofrecuencia genicular, terapia biológica con PRP y cirugía de revisión— como un diagrama de flujo limpio con iconos de línea en azul marino y dorado sobre fondo claro.
El itinerario avanza de los síntomas y la exploración a pruebas de imagen y de laboratorio dirigidas, criba la infección y luego se ramifica en un plan de tratamiento individualizado —conservador, intervencionista o quirúrgico— ajustado a la causa identificada y no a un protocolo único.

Tratamiento conservador y rehabilitación dirigida

Para muchos pacientes, la primera y más adecuada respuesta al dolor persistente no es la cirugía, sino un programa estructurado y dirigido de rehabilitación. Es así para el dolor de partes blandas, la rigidez, el dolor anterior precoz, el dolor referido que se trata en su origen y para los pacientes en los que no se encuentra una causa estructural. Un programa bien diseñado aborda la fuerza del cuádriceps y la cadera, el rango de movimiento, el reentrenamiento de la marcha, el equilibrio y la actividad funcional, y se progresa de forma individual, no según una plantilla genérica. La modificación de la actividad, el control del peso, una analgesia sensata y el manejo del sueño desempeñan un papel. El programa es más eficaz cuando se ajusta a la causa identificada —por ejemplo, activación del vasto medial y vendaje para el dolor patelofemoral, carga excéntrica para la tendinopatía, o un protocolo dedicado de rigidez para la artrofibrosis—. El tratamiento conservador no es una opción de «no hacer nada»: es un proceso activo y supervisado, y resuelve o mejora sustancialmente el dolor persistente en una proporción significativa de pacientes sin exponerlos a los riesgos de una nueva cirugía.

Bloqueos de los nervios geniculares y tratamiento con radiofrecuencia

La radiofrecuencia genicular es una opción de dolor intervencionista para pacientes seleccionados con dolor persistente de rodilla. Los nervios geniculares —los nervios sensitivos superior e inferior medial y lateral alrededor de la rodilla— son las vías sensitivas articulares, y la radiofrecuencia emplea calor (térmica convencional), radiofrecuencia enfriada o energía pulsada para modular las señales de dolor que transmiten. El itinerario habitual es primero un bloqueo diagnóstico de los nervios geniculares: se deposita anestésico local sobre los nervios diana bajo control radiológico, y una reducción significativa y documentada del dolor confirma que esos nervios contribuyen al dolor y ayuda a seleccionar a los pacientes que pueden beneficiarse de la radiofrecuencia. La radiofrecuencia enfriada permite lesiones de mayor volumen y se usa ampliamente; la térmica convencional y la pulsada son alternativas con características de lesión diferentes. Dos advertencias importantes se aplican. Primero, la mayor parte de la evidencia publicada —ensayos aleatorizados y revisiones sistemáticas— sobre radiofrecuencia genicular procede de la artrosis de rodilla nativa, no de pacientes con prótesis; esa evidencia no se puede extrapolar automáticamente a una rodilla protetizada, donde las fuentes de dolor y la anatomía difieren. Segundo, la radiofrecuencia es una herramienta de manejo del dolor, no un tratamiento del fallo mecánico: no corrige el aflojamiento, la infección, la malposición, la inestabilidad ni el desgaste del polietileno. Se considera solo cuando las causas mecánicas e infecciosas se han valorado y tratado, y cuando un bloqueo diagnóstico apoya una contribución nerviosa al dolor. El beneficio descrito en estudios de rodilla nativa es variable en grado y duración, y no todo paciente con dolor persistente es candidato. Las complicaciones son en general poco frecuentes, pero pueden incluir entumecimiento temporal, hematomas y, rara vez, empeoramiento del dolor o lesión de estructuras adyacentes.

Intervenciones sobre la rama infrarrotuliana del nervio safeno

Cuando el dolor persistente es focal, neuropático y sigue el territorio de la rama infrarrotuliana del nervio safeno —típicamente dolor medial o anterior de rodilla con cualidad urente o parestésica, a veces relacionado con una cicatriz o un neuroma—, pueden considerarse intervenciones dirigidas sobre este nervio. El enfoque suele ser por fases: identificación clínica del patrón de dolor y un bloqueo nervioso diagnóstico para confirmar la contribución del nervio; infiltración ecoguiada de anestésico local y corticoide para alivio a corto plazo y confirmación diagnóstica; y, en casos seleccionados con un bloqueo claramente positivo pero duración limitada del beneficio, radiofrecuencia pulsada o convencional de la rama infrarrotuliana, o tratamiento quirúrgico de un neuroma sintomático. Al igual que con la radiofrecuencia genicular, son opciones selectivas para una fuente de dolor neuropático específica e identificada —no un tratamiento para un implante aflojado, infectado o mal posicionado—. La base de evidencia es más limitada que para los nervios geniculares, y los resultados varían; la decisión se toma caso a caso tras excluir las causas mecánicas e infecciosas y cuando un bloqueo diagnóstico apoya al nervio como generador del dolor.

PRP/PRGF y otros tratamientos biológicos: evidencia actual y limitaciones

El plasma rico en plaquetas (PRP) y el plasma rico en factores de crecimiento (PRGF) son preparaciones biológicas obtenidas de la propia sangre del paciente, usadas por su potencial efecto antiinflamatorio y regenerativo. En el contexto de una prótesis de rodilla, hay que considerar por separado tres posibles aplicaciones, porque la evidencia es muy distinta en cada una. Primero, el PRP intraarticular en una rodilla que ya contiene una prótesis: hay poca evidencia clínica publicada y de buena calidad que examine específicamente el PRP infiltrado en una rodilla protetizada. La mayor parte de la evidencia del PRP procede de la artrosis de rodilla nativa, y esos resultados no se pueden extrapolar a una articulación protésica, donde la biología, la presencia de metal y polietileno y el riesgo de introducir infección son diferentes. Segundo, el PRP periarticular —infiltrado en tendones, bolsas o partes blandas alrededor de la prótesis— puede considerarse para una causa de partes blandas identificada como una tendinopatía, con los mismos principios que en la rodilla nativa, pero de nuevo la evidencia específica en rodillas protetizadas es limitada. Tercero, no existe evidencia clínica fiable de que el PRP repare, refije o estabilice un componente protésico aflojado, ni que revierta el aflojamiento aséptico. Una distinción crítica debe quedar clara: el alivio del dolor tras una infiltración biológica no es prueba de estabilidad mecánica del implante, ni significa que un componente aflojado se haya fijado. El PRP no refija un implante aflojado, no trata una infección ni corrige una malposición. Cuando la evidencia para una aplicación concreta es insuficiente, debe decirse con honestidad en lugar de insinuarse. Los tratamientos biológicos se presentan, por tanto, como opciones selectivas y coadyuvantes para fuentes de dolor de partes blandas o inflamatorias concretas —no como un tratamiento del fallo del implante— y se usan solo después de haber descartado la infección, porque infiltrar una articulación potencialmente infectada es perjudicial.

Otras opciones de manejo intervencionista del dolor

Más allá de la radiofrecuencia nerviosa y las terapias biológicas, varias opciones intervencionistas forman parte de un abordaje integral del dolor cuando se ha tratado o descartado una causa estructural. Incluyen la infiltración ecoguiada de corticoide para una causa inflamatoria de partes blandas identificada (como una bursitis) una vez descartada la infección; la desensibilización mediante fisioterapia para el dolor neuropático y el dolor postquirúrgico persistente; la optimización de la medicación oral, incluidos fármacos neuropáticos cuando se identifica un componente neuropático; y el apoyo psicológico y del sueño, que son componentes reconocidos del manejo del dolor persistente. Estas opciones son complementarias más que alternativas: se combinan según el mecanismo de dolor individual, y son más eficaces cuando se coordinan con el cirujano y un especialista en dolor o rehabilitación. El principio es siempre el mismo: las intervenciones se ajustan a la causa identificada y no sustituyen al tratamiento de un problema mecánico o infeccioso cuando este está presente.

Cuándo está indicada la cirugía de revisión

La cirugía de revisión no es la respuesta por defecto al dolor persistente; está indicada cuando se ha identificado una causa definida y corregible quirúrgicamente y el paciente está en condiciones y el beneficio esperado justifica el riesgo. Las indicaciones incluyen el aflojamiento aséptico sintomático y progresivo, la infección periprotésica, la inestabilidad o malposición sintomática que el tratamiento conservador no resuelve, el desgaste significativo del polietileno con osteólisis o inminencia de fallo, y problemas rotulianos o periprotésicos seleccionados. La revisión es, en general, una intervención mayor y más compleja que la primaria: implica retirar los componentes fallidos preservando hueso, reconstruir defectos óseos y usar con frecuencia vástagos, aumentos o conos; la recuperación es más variable y a menudo más lenta. La decisión se construye sobre el diagnóstico, la calidad del hueso y de las partes blandas, el estado general y las expectativas del paciente y la experiencia del cirujano. Lo crucial es que la revisión no se ofrece para un dolor sin causa identificada, ni cuando el dolor es neuropático, referido o de partes blandas y el implante funciona bien —en esos casos el tratamiento no quirúrgico es más seguro y más eficaz—.

Conclusión y llamada a la consulta

El dolor persistente tras una prótesis de rodilla es un problema real y frecuente, pero no es un único diagnóstico ni significa automáticamente que la intervención haya fallado. El enfoque adecuado es una valoración sistemática que distinga la recuperación esperada del dolor persistente, que considere y descarte las causas mecánicas e infecciosas antes de atribuir el dolor a un nervio o a partes blandas, que explore la cadera y la columna, y que construya un plan de tratamiento individualizado en torno a la causa real —ya sea rehabilitación dirigida, medicación neuropática, intervención genicular o infrarrotuliana, una terapia biológica para un problema de partes blandas concreto o cirugía de revisión para un problema del implante definido y corregible—. Para residentes y visitantes de toda la Costa Blanca —Alicante, Torrevieja y Orihuela Costa—, el Dr. Pablo Banchero ofrece una valoración traumatológica individualizada y basada en la evidencia del dolor persistente tras la prótesis, ya sea para un primer diagnóstico o para una segunda opinión sobre una prótesis dolorosa.

Identificar la causa y luego ajustar el tratamiento

El dolor persistente tras la prótesis de rodilla tiene muchas causas, y solo algunas afectan al implante. El itinerario avanza de una historia y una exploración cuidadosas a pruebas de imagen y de laboratorio dirigidas, hasta un diagnóstico individualizado, y luego a un tratamiento ajustado a esa causa —conservador, intervencionista o quirúrgico—. La radiofrecuencia y el PRP son opciones selectivas para fuentes de dolor concretas, no tratamientos de un implante aflojado o infectado, y la evidencia de la artrosis de rodilla nativa no se extrapola a una rodilla protetizada. En la Costa Blanca —Alicante, Torrevieja y Orihuela Costa—, el Dr. Pablo Banchero ofrece valoración traumatológica individualizada y segundas opiniones para prótesis de rodilla dolorosas.

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Dr. Pablo Banchero Lasalvia
Sobre el autor

Dr. Pablo Banchero Lasalvia

Orthopaedic Surgeon · Traumatology Team

Autor:
Dr. Pablo Banchero Lasalvia
Revisor médico:
Dr. Pablo Banchero Lasalvia
Publicado:
2 de noviembre de 2026
Fecha de revisión médica:
2 de noviembre de 2026
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22 min de lectura
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