
La prótesis total de cadera (artroplastia total de cadera) es una de las intervenciones más eficaces de la cirugía ortopédica para aliviar el dolor de la artrosis avanzada de cadera y devolver la función. La mayoría de los pacientes evoluciona bien. Sin embargo, un número significativo presenta dolor persistente, recurrente o de nueva aparición tras la cirugía, y para esos pacientes la experiencia puede ser inquietante, sobre todo por el temor a que el implante haya fallado. El mensaje central de esta guía es tranquilizador pero preciso: el dolor tras una prótesis de cadera merece una investigación adecuada, pero no significa automáticamente que el implante haya fallado. La primera tarea clínica es averiguar de dónde proviene el dolor —de la propia articulación protésica, de las partes blandas que la rodean, de la columna lumbar o de otro origen— porque el tratamiento correcto depende por completo de la causa correcta. Este artículo recorre cómo razona un cirujano ortopédico experimentado ante un dolor de cadera persistente: cómo la localización y el momento del dolor orientan el diagnóstico diferencial, qué pruebas son útiles y cuáles no, cuándo debe descartarse la infección antes que nada y cuándo la cirugía de revisión es —y no es— la respuesta adecuada. Está escrito para pacientes que valoran una consulta especializada o una segunda opinión independiente, y evita deliberadamente atribuir los síntomas a un aflojamiento del implante antes de haber identificado la causa.
Sección 1: Introducción — ¿Por qué puede doler una cadera tras la prótesis?
Una prótesis de cadera bien funcionante debería aliviar el dolor de la artrosis y devolver la movilidad, y para la gran mayoría de los pacientes así ocurre. Sin embargo, algunos presentan dolor que persiste más allá del periodo esperado de recuperación, dolor que nunca se resuelve de forma adecuada, dolor que aparece tras una recuperación inicialmente exitosa, o dolor nuevo tras un traumatismo o un cambio de actividad. Son situaciones clínicas distintas con explicaciones distintas. La primera tarea es determinar si el dolor proviene de la articulación protésica, de las partes blandas que la rodean, de la columna lumbar o de otro origen, porque un tendón abductor doloroso y un implante aflojado se tratan de forma muy diferente. El principio que guía todo lo que sigue es sencillo: el dolor persistente merece investigación, pero no indica automáticamente un fallo del implante. Muchas caderas dolorosas tras la prótesis se deben a problemas extraarticulares de partes blandas, dolor lumbar referido o patologías no relacionadas, y muchas mejoran sin cirugía de revisión. Llegar a la conclusión de que la prótesis está aflojada es uno de los errores diagnósticos más frecuentes —y más costosos—. Comprender cuándo es el momento adecuado para una prótesis de cadera ayuda a entender por qué la mayoría de los pacientes evoluciona bien y por qué un resultado doloroso merece un estudio estructurado y no la asunción de un fallo.

Sección 2: Cómo la localización del dolor ayuda a identificar su causa
La localización del dolor es la pista diagnóstica más útil, pero es una pista, no un diagnóstico, y varias causas pueden coexistir. Un marco práctico de localización ayuda a organizar el diagnóstico diferencial. | Localización del dolor | Posibles causas | |---|---| | Ingle / cadera anterior | Pinzamiento o tendinopatía del iliopsoas, infección, aflojamiento, patología intraarticular o relacionada con el implante | | Cadera lateral | Síndrome de dolor del trocánter mayor, tendinopatía glútea, disfunción o rotura abductora | | Nalga posterior | Patología lumbar, dolor referido, causas glúteas profundas | | Muslo | Dolor relacionado con el componente femoral, aflojamiento, reacción de estrés, fractura o dolor referido | | Dolor de cadera intenso y súbito | Luxación, fractura periprotésica, infección u otra patología aguda | El dolor anterior de ingle que empeora con la flexión activa de cadera apunta a patología del iliopsoas o a un problema acetabular anterior; el dolor lateral sobre el trocánter mayor que duele al apoyarse de lado apunta a patología abductora o trocantérica; el dolor posterior de nalga que irradia por debajo de la rodilla plantea la cuestión del dolor lumbar referido; y el dolor del muslo plantea la cuestión del componente femoral. El dolor intenso y súbito con incapacidad para apoyar el peso es una bandera roja que exige una valoración urgente por luxación, fractura o infección aguda. La localización acota la lista, pero el diagnóstico final siempre combina localización, momento, exploración y las pruebas adecuadas.
Sección 3: ¿Cuándo aparece el dolor?
El momento del dolor respecto a la cirugía es muy potente para el diagnóstico. El dolor postoperatorio precoz —en las primeras semanas— suele ser la recuperación quirúrgica esperada, la cicatrización de partes blandas, un hematoma o molestias relacionadas con la herida, pero el clínico también debe estar alerta a una infección precoz, inestabilidad o una fractura periprotésica. El dolor presente desde el principio que nunca se resuelve adecuadamente plantea otra serie de cuestiones: resolución incompleta del dolor preoperatorio, disfunción abductora, patología del iliopsoas, enfermedad lumbar no reconocida, infección de bajo grado o un problema relacionado con el componente. El dolor que aparece tras una recuperación inicialmente exitosa —a veces años después— apunta a aflojamiento aséptico, infección tardía, fractura periprotésica, patología tendinosa o bursal, dolor lumbar o referido, o inestabilidad. El dolor nuevo tras una caída o un cambio de actividad plantea la cuestión de fractura o migración del componente. La cronología clínica importa porque reordena el diagnóstico diferencial: una cadera dolorosa a las dos semanas de la cirugía y una cadera dolorosa a los cinco años no son el mismo problema, aunque la localización del dolor sea idéntica. El momento orienta el estudio, pero por sí solo no establece un diagnóstico.
Sección 4: Dolor de ingle después de la prótesis de cadera
El dolor anterior de cadera y ingle es uno de los patrones más frecuentes tras la prótesis y tiene varias causas distintas. La tendinopatía del iliopsoas y el pinzamiento del iliopsoas contra el componente acetabular son causas cada vez más reconocidas: el tendón cruza por delante del cotilo anterior, y un cotilo prominente o retroversido, la prominencia de un tornillo o simplemente la geometría de la reconstrucción pueden irritarlo. El patrón clínico típico es dolor con la flexión activa de cadera —levantar la pierna, subir escaleras, subir o bajar del coche, o la flexión resistida contra la mano del explorador—. Otras causas de dolor de ingle son el aflojamiento del componente, la infección periprotésica y otra patología intra o extraarticular. La exploración clínica y las pruebas de imagen ayudan a distinguir la patología del iliopsoas de las causas relacionadas con el implante: una infiltración diagnóstica guiada alrededor del tendón que produce una respuesta temporal significativa apoya el diagnóstico. El tratamiento abarca desde medidas conservadoras y fisioterapia dirigida hasta, en casos seleccionados con prominencia del cotilo confirmada, la liberación del tendón o la revisión del componente. Es importante no asumir que todo dolor de ingle tras la prótesis es pinzamiento del iliopsoas: la infección y el aflojamiento deben considerarse siempre, y el diagnóstico se confirma combinando el patrón clínico, las pruebas de imagen y la respuesta a la intervención dirigida.

Sección 5: Dolor lateral de cadera: tendones glúteos y dolor del trocánter mayor
El dolor lateral de cadera sobre el trocánter mayor es frecuente y a menudo se agrupa bajo la etiqueta de «bursitis trocantérica», pero el término moderno «síndrome de dolor del trocánter mayor» refleja mejor que el dolor suele provenir de los tendones del glúteo medio y menor y de su inserción, con la bursitis trocantérica como un posible componente y no toda la historia. Las características típicas incluyen dolor lateral de cadera, sensibilidad sobre el trocánter mayor, dolor al apoyarse del lado afectado, dolor en el apoyo monopodal o al subir escaleras, y a veces cojera o inestabilidad pélvica por debilidad abductora. Las causas incluyen la tendinopatía del glúteo medio y menor, las roturas parciales o completas de los tendones abductores, la alteración biomecánica y los problemas de partes blandas relacionados con el abordaje o la reparación. La exploración, la ecografía y la RM con reducción de artefactos metálicos ayudan a caracterizar los tendones y a descartar una rotura significativa. Las opciones de tratamiento incluyen fisioterapia dirigida, modificación de carga, fortalecimiento abductor progresivo, infiltraciones guiadas seleccionadas alrededor de las partes blandas extraarticulares y reparación quirúrgica en casos seleccionados de roturas abductoras significativas. No todo síndrome de dolor lateral requiere cirugía —muchos pacientes mejoran sustancialmente con un programa estructurado de rehabilitación— y las infiltraciones alrededor de la región trocantérica deben distinguirse de las infiltraciones dentro de la propia articulación protésica (ver Sección 16).
Sección 6: Dolor posterior de cadera y nalga
El dolor posterior de cadera y nalga tras la prótesis con frecuencia no proviene de la cadera en absoluto. La radiculopatía lumbar, la estenosis de canal lumbar, el dolor facetario, el dolor de la región sacroilíaca y la patología glútea profunda pueden producir dolor en la nalga que el paciente atribuye a la cadera. Por eso la valoración lumbar es esencial cuando las pruebas de imagen del implante son correctas pero el dolor persiste. Las pistas que sugieren un origen espinal incluyen dolor que irradia por debajo de la rodilla, hormigueo o entumecimiento, síntomas neurológicos, síntomas que cambian con la posición de la columna o al sentarse, y dolor lumbar que acompaña a la molestia de la región de la cadera. La localización del dolor por sí sola es insuficiente para distinguir estas patologías: un paciente con una cadera bien fijada y no infectada puede tener dolor de nalga y muslo referido totalmente desde la columna lumbar, y tratar la cadera no ayudará. Una exploración neurológica y lumbar cuidadosa, junto con el estudio de la cadera, evita el error frecuente de investigar —o incluso revisar— una cadera que no es la fuente del dolor.
Sección 7: Dolor del muslo después de la prótesis de cadera
El dolor del muslo plantea la cuestión del componente femoral. Una molestia leve y sorda en el muslo en los primeros meses de un vástago no cementado puede aparecer mientras el hueso se adapta al implante y suele ceder. Sin embargo, el dolor del muslo persistente o progresivo exige investigación: puede reflejar dolor relacionado con el componente femoral, aflojamiento aséptico, una reacción de estrés, una fractura periprotésica, remodelado óseo o dolor lumbar referido, y la causa depende del diseño y la fijación del vástago, de la calidad ósea y de la cronología clínica. Es importante distinguir la molestia postoperatoria precoz del muslo —a menudo autolimitada— del dolor persistente o en aumento, que no debe minimizarse. El error diagnóstico más frecuente es etiquetar todo dolor de muslo como aflojamiento del vástago femoral: el diagnóstico requiere correlación radiográfica y a veces de imagen avanzada, no solo síntomas. La comparación con radiografías previas es esencial, porque un vástago estable que no ha cambiado de posición a lo largo de los años es poco probable que sea la fuente de un dolor nuevo del muslo aunque se vea ligeramente distinto del lado contralateral.
Sección 8: Aflojamiento aséptico de la prótesis de cadera
El aflojamiento aséptico significa el fallo mecánico de la fijación del implante en la interfaz hueso-implante, sin infección. Es distinto de la infección y ambos no deben confundirse, porque su manejo es completamente distinto. El aflojamiento puede afectar al componente acetabular, al femoral o a ambos, y a menudo se asocia a osteólisis —reabsorción ósea progresiva alrededor del implante debida a los detritus de desgaste—. Radiográficamente, el aflojamiento puede aparecer como líneas radiolúcidas progresivas alrededor del componente, migración o inclinación del componente, o cambio de posición en radiografías seriadas. Las características clínicas típicas incluyen dolor progresivo, dolor que empeora al cargar, dolor de inicio en algunos pacientes (dolor en los primeros pasos tras levantarse) y deterioro de la tolerancia a la marcha. Es crucial que las pruebas radiográficas se interpreten junto con los síntomas, las imágenes previas y las características del implante: una pequeña línea radiolúcida que lleva años estable no es lo mismo que una que progresa claramente. Cuando las radiografías convencionales no son concluyentes, pruebas adicionales como la TC o, en casos seleccionados, la medicina nuclear pueden ayudar. El aflojamiento no se diagnostica solo por el dolor: un paciente con dolor e imagen normal y estable tiene otra causa que debe encontrarse. El comportamiento a lo largo del tiempo del implante, su fijación y sus superficies de deslizamiento es un contexto relevante, pero por sí solo no establece que una cadera dolorosa concreta esté aflojada.

Sección 9: Infección periprotésica
La infección periprotésica es uno de los diagnósticos más importantes que no hay que pasar por alto, y puede presentarse casi en cualquier momento: precoz tras la cirugía, durante los primeros meses postoperatorios o años después de la implantación. Los síntomas pueden incluir dolor en aumento, drenaje persistente de la herida, enrojecimiento y calor, inflamación y pérdida progresiva de función; puede haber fiebre, pero con frecuencia está ausente, y una infección de bajo grado puede presentarse con síntomas relativamente sutiles que simulan un aflojamiento aséptico. Por eso la infección debe considerarse antes de asumir un aflojamiento aséptico o de indicar una cirugía de revisión. El estudio diagnóstico combina la exploración clínica con los marcadores inflamatorios (proteína C reactiva y velocidad de sedimentación globular), la artrocentesis con recuento leucocitario del líquido sinovial y porcentaje de neutrófilos, y cultivos microbiológicos; pueden usarse biomarcadores validados adicionales según el contexto clínico. Los criterios diagnósticos modernos —la definición de 2018 de la International Consensus Meeting (ICM/MSIS) y la definición de la European Bone and Joint Infection Society (EBJIS)— ofrecen marcos estructurados y basados en la evidencia, pero los umbrales de laboratorio dependen del contexto clínico, del tiempo transcurrido desde la cirugía y de los criterios aplicados, y no deben interpretarse de forma aislada. Una PCR normal no excluye todas las infecciones, y los antibióticos antes de la muestra pueden dificultar el diagnóstico microbiológico. Como el manejo de la infección (a menudo una combinación de estrategias antibióticas y quirúrgicas seleccionadas según el tipo, el momento, el organismo y la estabilidad del implante) es tan distinto del manejo del aflojamiento aséptico, descartar la infección es un requisito previo, no un pensamiento tardío.
Sección 10: Fractura periprotésica
Una fractura periprotésica es una rotura del hueso alrededor del implante —alrededor del vástago femoral o, con menos frecuencia, del componente acetabular—. Estas fracturas pueden aparecer tras una caída o un traumatismo, pero en ocasiones ocurren sin un traumatismo importante, sobre todo en pacientes con calidad ósea reducida u osteoporosis. La presentación típica es dolor súbito, incapacidad o dificultad para apoyar el peso y, a veces, deformidad o acortamiento del miembro, con deterioro funcional. Las radiografías son la prueba de primera línea; puede ser necesaria la TC para patrones complejos o para la planificación. La clasificación de Vancouver es el sistema estándar para las fracturas periprotésicas femorales: agrupa las fracturas por su localización respecto al vástago, la estabilidad del vástago y la calidad del hueso circundante, y guía directamente el tratamiento. Este depende del patrón de fractura, la estabilidad del vástago, el stock óseo y el estado general del paciente, y abarca desde la descarga protegida hasta la osteosíntesis o la revisión del vástago. Una fractura periprotésica sospechada requiere valoración urgente: los pacientes no deben intentar caminar con un dolor intenso y súbito alrededor del implante.
Sección 11: Inestabilidad y luxación de cadera
La inestabilidad recurrente y la luxación aguda son causas importantes de dolor y pérdida de función tras la prótesis de cadera. El riesgo de luxación depende de la orientación de los componentes, la tensión de las partes blandas, la función abductora, la mecánica espinopélvica, una fusión espinal previa (que altera la movilidad pélvica) y los factores del paciente. Una luxación aguda suele presentarse con dolor intenso y súbito, incapacidad para moverse o apoyar el peso y una posición anormal del miembro; los episodios recurrentes de inestabilidad pueden presentarse con sensaciones repetidas de «fallar». Una luxación sospechada requiere valoración urgente y pruebas de imagen —los pacientes no deben intentar reducir la cadera por sí mismos—. El manejo depende de la causa: una única luxación puede tratarse con reducción cerrada y un periodo de movilidad protegida, mientras que la inestabilidad recurrente requiere valorar la posición de los componentes, la tensión de las partes blandas y los factores espinopélvicos, y puede requerir cirugía de revisión para corregir el problema mecánico subyacente. La inestabilidad no es algo con lo que «convivir»: cada episodio de luxación conlleva riesgo, y la inestabilidad recurrente merece una valoración estructurada.
Sección 12: Otras causas de dolor después de la prótesis de cadera
Varias causas menos frecuentes pero reconocidas completan el diagnóstico diferencial. La osificación heterotópica —hueso que se forma en las partes blandas alrededor de la cadera— puede causar rigidez y molestias tras la cirugía. Las reacciones adversas de tejidos locales, relevantes para ciertos tipos de implante y superficies de deslizamiento, pueden producir dolor, derrame y daño de partes blandas; los problemas del trunnion y la corrosión en la unión cabeza-cuello son reconocidos en contextos específicos. El dolor neuropático por lesión o irritación nerviosa, y la discrepancia de longitud de la pierna percibida o real, también pueden mantener síntomas persistentes. El dolor puede incluso originarse fuera de la cadera operada: la artrosis de la cadera contralateral, la patología de rodilla, o causas vasculares y otras no ortopédicas pueden atribuirse erróneamente a la prótesis. El objetivo no es sobredimensionar las complicaciones raras, sino reconocer cuándo son necesarias las investigaciones especializadas del implante —imagen avanzada, determinación de iones metálicos cuando proceda, o valoración de revisión por un especialista—. Una anamnesis y una exploración cuidadosas suelen evitar el error frecuente de atribuir todo el dolor postoperatorio a la prótesis.
Sección 13: La valoración clínica: cómo empieza el diagnóstico
Una valoración clínica sistemática es la base del diagnóstico, y empieza antes de cualquier prueba. La anamnesis recoge la fecha de la cirugía, el abordaje si se conoce, el tipo de implante si se conoce, si los síntomas mejoraron inicialmente, el inicio y la progresión del dolor, la localización del dolor, la relación del dolor con la marcha, la carga y el movimiento, cualquier infección o cirugía de revisión previa, y patologías asociadas de columna o articulaciones. La exploración física valora la marcha, la longitud de la pierna, el rango de movimiento de la cadera, la flexión resistida de cadera (para descartar dolor del iliopsoas), la fuerza abductora (para descartar disfunción abductora), la sensibilidad trocantérica, una valoración neurológica, una valoración lumbar y signos de inestabilidad cuando procede. Los hallazgos de la exploración guían la elección de las pruebas: un paciente con marcha normal, rango completo e indoloro y sensibilidad trocantérica apunta a una causa de partes blandas, mientras que un paciente con marcha antálgica dolorosa y dolor al cargar apunta a un problema del componente o estructural. Ninguna prueba aislada sustituye a esta valoración clínica.
Sección 14: Pruebas de imagen: ¿qué pruebas son útiles?
Las pruebas de imagen se solicitan según la sospecha clínica, no como un panel indiscriminado. Las radiografías simples —una pelvis AP y proyecciones laterales adecuadas de cadera— siguen siendo la primera y a menudo la prueba más útil: muestran la posición de los componentes, las líneas radiolúcidas, la migración, la osteólisis y las fracturas, y son más informativas cuando se comparan con imágenes previas. La TC añade detalle sobre la posición de los componentes, la versión y la prominencia acetabular, la pérdida ósea, las fracturas y la planificación de revisiones complejas, y es especialmente útil cuando la radiografía no es concluyente. La ecografía es excelente para las partes blandas extraarticulares —el tendón del iliopsoas, los tendones glúteos, la región trocantérica y las colecciones líquidas— y puede guiar la artrocentesis o la infiltración. La RM con secuencias de reducción de artefactos metálicos caracteriza la patología tendinosa abductora, las anomalías de partes blandas, las reacciones adversas locales y hallazgos seleccionados relacionados con la infección que la radiografía y la TC no pueden. La medicina nuclear (gammagrafía ósea, imagen de leucocitos marcados y técnicas relacionadas) tiene papeles seleccionados cuando el cuadro no está claro, pero los hallazgos deben interpretarse con cuidado y en contexto. No todos los pacientes necesitan todas las pruebas: la imagen adecuada es la que responde a la pregunta clínica concreta planteada por la anamnesis y la exploración.
Sección 15: Analítica y artrocentesis
La analítica y la artrocentesis son centrales en el estudio de la infección. La proteína C reactiva (PCR) y la velocidad de sedimentación globular (VSG) son los marcadores inflamatorios estándar para el cribado de infección; puede estar indicado un hemograma. Cuando los marcadores están elevados o la sospecha clínica es alta, la artrocentesis proporciona líquido sinovial para un recuento leucocitario, un porcentaje de neutrófilos, cultivos y pruebas adicionales según la sospecha. Dos puntos prácticos importan. Primero, los antibióticos administrados antes de la muestra pueden suprimir el cultivo microbiológico y dificultar el diagnóstico —es un motivo para obtener muestras antes de iniciar antibióticos empíricos, pero los pacientes no deben suspender la medicación prescrita por su cuenta y deben seguir las indicaciones de su equipo quirúrgico—. Segundo, la artrocentesis es un procedimiento invasivo que debe seleccionarse y realizarlo un clínico adecuadamente cualificado, habitualmente bajo control ecográfico o radioscópico, porque una artrocentesis mal realizada corre el riesgo de introducir infección en una articulación previamente no infectada. Los resultados de laboratorio se interpretan con criterios diagnósticos validados y el contexto clínico, nunca de forma aislada.
Sección 16: Infiltraciones diagnósticas e infiltraciones dirigidas
Las infiltraciones guiadas por imagen tienen un papel diagnóstico seleccionado. Una infiltración alrededor de la vaina o la bursa del iliopsoas, una infiltración peritrocantérica o una infiltración periarticular seleccionada puede ayudar a localizar un generador de dolor: una respuesta temporal significativa apoya un diagnóstico específico de partes blandas y puede orientar el manejo posterior. Dos principios son esenciales. Primero, una respuesta temporal localiza un generador de dolor pero no prueba todo el diagnóstico —el cuadro clínico completo sigue importando—. Segundo, y de forma crítica, no deben realizarse infiltraciones de rutina dentro de una articulación protésica dolorosa sin antes considerar y descartar adecuadamente la infección periprotésica, porque infiltrar corticoides en una articulación infectada puede empeorar seriamente la situación. Es importante distinguir las infiltraciones alrededor de estructuras extraarticulares (vainas tendinosas, bursas) de las infiltraciones dentro de la propia articulación protésica. Las infiltraciones de PRP, corticoides y ácido hialurónico dentro de una articulación protésica no son tratamientos establecidos de la prótesis de cadera dolorosa y no deben presentarse como tales; su papel, si lo hay, es limitado y no probado en este contexto específico.
Sección 17: Tratamiento: por qué debe ajustarse a la causa
El tratamiento se organiza por diagnóstico, porque el tratamiento correcto para una causa es el tratamiento equivocado para otra. Las causas extraarticulares de partes blandas (tendinopatía abductora, dolor trocantérico) se tratan con modificación de la actividad, rehabilitación dirigida, fortalecimiento progresivo, infiltraciones guiadas seleccionadas alrededor de las partes blandas y reparación quirúrgica solo en roturas significativas seleccionadas. El pinzamiento del iliopsoas se maneja con medidas conservadoras e infiltración diagnóstica primero, con valoración de la prominencia y la posición del cotilo, y liberación del tendón o revisión del componente reservadas a casos cuidadosamente seleccionados donde la anatomía y los hallazgos clínicos lo respaldan. El aflojamiento aséptico se maneja con observación en situaciones asintomáticas o mínimamente sintomáticas seleccionadas, más investigación cuando el cuadro no está claro y cirugía de revisión cuando está clínicamente indicada. La infección periprotésica requiere valoración especializada de la infección, diagnóstico microbiológico y manejo multidisciplinar, con estrategias antibióticas y quirúrgicas seleccionadas según el tipo, el momento, el organismo y la estabilidad del implante. La fractura periprotésica se trata según su clasificación, la estabilidad del componente y el stock óseo. La inestabilidad se maneja valorando la posición de los componentes, las partes blandas y los factores espinopélvicos, con tratamiento individualizado. El principio unificador es que la cirugía de revisión no debe recomendarse hasta que la causa subyacente se haya investigado adecuadamente: revisar una cadera bien fijada y no infectada por un problema de partes blandas o espinal no aliviará el dolor.
Sección 18: ¿Cuándo es necesaria la cirugía de revisión de cadera?
La revisión de cadera es una intervención mayor y se considera para indicaciones específicas y confirmadas: aflojamiento aséptico sintomático con cambio radiográfico progresivo; infección periprotésica; inestabilidad recurrente que no ha respondido al manejo no quirúrgico; malposición significativa del componente con síntomas; fractura periprotésica; reacciones adversas locales seleccionadas; y otros fallos mecánicos establecidos. Es crucial que no toda prótesis de cadera dolorosa necesite revisión. Un paciente con tendinopatía abductora, pinzamiento del iliopsoas o dolor lumbar referido puede tener una prótesis perfectamente bien fijada y no infectada, y el tratamiento correcto se dirige al generador real del dolor, no al implante. La distinción entre tratar un problema de partes blandas o espinal y sustituir una prótesis bien fijada es uno de los juicios más importantes de la artroplastia de revisión, y es precisamente por eso que un estudio diagnóstico estructurado precede a cualquier decisión de revisar. Cuando la revisión está indicada, se planifica según la causa específica —aflojamiento, infección, inestabilidad o fractura exigen estrategias distintas— y los pacientes pueden leer más sobre la intervención en nuestro artículo dedicado a la cirugía de revisión de cadera. Para caderas que están íntegras, el objetivo es la vuelta a la actividad, y nuestra guía sobre la vida después de una prótesis de cadera aborda la marcha, el ejercicio y el deporte en detalle.
Sección 19: Señales de alarma: cuándo solicitar valoración urgente
La mayoría del dolor persistente tras la prótesis no es una urgencia, pero ciertos síntomas justifican una valoración urgente: dolor intenso y súbito de cadera; incapacidad nueva para apoyar el peso; una luxación sospechada (dolor súbito con una posición anormal del miembro); un traumatismo significativo como una caída; fiebre con una cadera dolorosa o inflamada; drenaje de la herida o enrojecimiento en aumento; inflamación o dolor súbito en la pantorrilla; y dolor torácico o dificultad para respirar. Los dos últimos son especialmente importantes: el dolor torácico, la dificultad respiratoria súbita u otros síntomas sugerentes de una complicación tromboembólica requieren atención de urgencia, y en España el número de emergencias es el 112. El objetivo no es poner ansioso a cada paciente —la mayoría de las molestias postoperatorias son benignas y mejoran— sino asegurar que el pequeño número de complicaciones genuinamente urgentes se identifiquen y traten con prontitud en lugar de «esperar a ver». Para síntomas ordinarios y en mejora gradual, una revisión especializada programada es lo adecuado; para síntomas súbitos, intensos o sistémicos, la valoración urgente es la elección correcta.
Sección 20: Una vía diagnóstica práctica
El proceso diagnóstico puede resumirse en una vía estructurada que avanza del cuadro clínico al tratamiento específico: 1. Se refiere dolor tras la prótesis de cadera. 2. Identificar la localización y el momento del dolor —ingle, lateral, posterior, muslo; precoz, persistente, nuevo o postraumático—. 3. Valorar banderas rojas y complicaciones urgentes —luxación, fractura, infección, tromboembolismo—. 4. Revisar la cirugía, el implante y las radiografías previas. 5. Realizar una exploración clínica dirigida —marcha, rango, abductores, iliopsoas, columna lumbar, neurología—. 6. Solicitar pruebas iniciales —radiografías y marcadores inflamatorios cuando proceda—. 7. Realizar pruebas dirigidas según la causa sospechada: - Vía de infección: marcadores inflamatorios, artrocentesis, cultivos. - Vía de aflojamiento mecánico: radiografías seriadas, TC, comparación con imágenes previas. - Vía de partes blandas: ecografía, RM con reducción de artefactos, infiltración diagnóstica. - Vía de fractura/inestabilidad: radiografías, TC, valoración urgente. - Vía de dolor lumbar/referido: exploración y pruebas de imagen lumbares. 8. Aplicar el tratamiento específico ajustado al diagnóstico confirmado. Esta vía es educativa y respalda, pero nunca sustituye, la valoración clínica individual por un cirujano ortopédico cualificado.

Sección 21: Preguntas frecuentes
Respuestas concisas a las preguntas que los pacientes plantean con más frecuencia sobre el dolor tras la prótesis de cadera: 1. ¿Es normal tener dolor años después de una prótesis de cadera? No es «normal», pero no es infrecuente, y no significa automáticamente que el implante haya fallado. El dolor persistente o nuevo años después merece una investigación para identificar la causa. 2. ¿Por qué me duele la ingle después de la prótesis de cadera? El dolor de ingle tiene varias causas, entre ellas la tendinopatía o el pinzamiento del iliopsoas, la infección y el aflojamiento; el patrón clínico y las pruebas de imagen ayudan a distinguirlas. 3. ¿Por qué me duele la parte externa de la cadera? El dolor lateral suele provenir de los tendones glúteos o del síndrome de dolor del trocánter mayor, no del propio implante; la debilidad abductora y el dolor al apoyarse de lado son pistas típicas. 4. ¿Puede el tendón del iliopsoas causar dolor después de la prótesis de cadera? Sí: la irritación donde el tendón cruza por delante del cotilo puede causar dolor con la flexión activa de cadera, al subir escaleras y al subir o bajar del coche. 5. ¿Pueden los problemas de espalda causar dolor alrededor de una prótesis de cadera? Sí: la radiculopatía lumbar y la estenosis de canal pueden irradiar dolor a la nalga y el muslo aunque el implante esté bien. 6. ¿Cómo sé si mi prótesis de cadera está aflojada? El aflojamiento se sospecha por dolor progresivo al cargar y dolor de inicio y se confirma por el cambio radiográfico progresivo en radiografías seriadas, no solo por los síntomas. 7. ¿Puede una prótesis de cadera infectarse años después? Sí: una infección de bajo grado o hematógena puede aparecer años después de la cirugía, a veces con síntomas sutiles; los marcadores inflamatorios y la artrocentesis ayudan al diagnóstico. 8. ¿Qué análisis de sangre se usan para investigar la infección? La PCR y la VSG son los marcadores de cribado habituales; si están elevados o hay sospecha, se realiza una artrocentesis con recuento celular y cultivos. 9. ¿Puede una radiografía detectar una prótesis de cadera aflojada? Las radiografías suelen mostrar el aflojamiento mediante líneas radiolúcidas o migración, sobre todo al comparar con imágenes previas; puede ser necesaria una TC si la radiografía no es concluyente. 10. ¿Cuándo son necesarias la TC o la RM? La TC detalla la posición de los componentes, la pérdida ósea y las fracturas; la RM con reducción de artefactos valora los tendones abductores y las partes blandas; ambas se solicitan según la pregunta clínica. 11. ¿Puede una ecografía ayudar a diagnosticar el dolor después de la prótesis de cadera? Sí: la ecografía es excelente para las partes blandas extraarticulares (iliopsoas, tendones glúteos, colecciones líquidas) y puede guiar la artrocentesis o la infiltración. 12. ¿Toda prótesis de cadera dolorosa necesita cirugía de revisión? No: muchas caderas dolorosas se deben a problemas de partes blandas, iliopsoas o lumbares y mejoran sin revisión; la revisión se reserva para indicaciones confirmadas. 13. ¿Puedo recibir una infiltración alrededor de una prótesis de cadera? Las infiltraciones alrededor de partes blandas extraarticulares pueden ayudar al diagnóstico; las infiltraciones dentro de la articulación protésica no son rutinarias y antes deben descartar la infección. 14. ¿Qué es una fractura periprotésica? Una rotura del hueso alrededor del implante, generalmente tras una caída, clasificada por el sistema de Vancouver y tratada según el patrón de fractura y la estabilidad del vástago. 15. ¿Qué debo hacer si de repente no puedo apoyar el peso? Solicitar valoración urgente: la incapacidad súbita para apoyar el peso puede indicar luxación, fractura o infección y no debe «esperarse». 16. ¿Cuándo debo pedir una segunda opinión? Cuando la causa del dolor persistente no está clara, cuando se ha recomendado una revisión sin un diagnóstico claro, o cuando desea una valoración independiente de sus pruebas y opciones. 17. ¿Se puede tratar una prótesis de cadera dolorosa sin cambiar el implante? A menudo, sí: la fisioterapia dirigida, el tratamiento de partes blandas, el cuidado lumbar o las infiltraciones guiadas pueden aliviar el dolor cuando el implante está íntegro.
Identificar la causa antes de elegir el tratamiento
El dolor persistente o nuevo tras una prótesis de cadera inquieta, pero no es un veredicto sobre el implante. El mensaje más importante de esta guía es que el dolor tras una prótesis de cadera requiere un enfoque diagnóstico estructurado: la localización y el momento del dolor ofrecen pistas útiles, las causas relacionadas con el implante y las extraarticulares deben distinguirse, la infección debe considerarse antes de asumir un aflojamiento aséptico, y las pruebas de imagen y de laboratorio deben seleccionarse según la sospecha clínica y no solicitarse como un panel indiscriminado. No toda prótesis dolorosa necesita cirugía de revisión —muchos pacientes tienen una cadera bien fijada y no infectada y una causa tratable de partes blandas o espinal— y el diagnóstico preciso debe preceder siempre al tratamiento. Si su dolor no se ha explicado de forma adecuada, o si se ha sugerido una revisión sin un diagnóstico claro, una valoración especializada o una segunda opinión independiente pueden ayudar a establecer la causa real y el camino correcto. El objetivo no es tranquilizar a ciegas, sino diagnosticar con precisión y tratar el problema real.
Referencias y evidencia científica
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Preguntas frecuentes

Dr. Pablo Banchero Lasalvia
Orthopaedic Surgeon · Traumatology Team
- Autor:
- Dr. Pablo Banchero Lasalvia
- Revisor médico:
- Dr. Pablo Banchero Lasalvia
- Publicado:
- 4 de noviembre de 2026
- Fecha de revisión médica:
- 4 de noviembre de 2026
- ·
- 20 min de lectura
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